Sinopse
Con los diagramas sapienciales que se analizan en este libro, los gnósticos pretendieron completar el designio que, desde sus orígenes, se había propuesto la filosofía. Pues si ésta aspiró a enseñar al hombre a regular sus pensamientos mediante la razón, los diagramas le enseñan a cultivar los más amplios campos de su imaginación y afectividad. El instrumento utilizado para tal fin consiste en la interiorización de lugares geométricos, inspirados en los cosmogramas, y de figuras que, ubicadas en esos lugares, representan potencias espirituales. Mediante la conversión de la mente en urbe y enciclopedia celestes, el hombre se prepara al autoconocimiento; es decir, al reconocimiento de su condición divina originaria. La audaz hipótesis que propone este libro es que el mandala budista –quizá la manifestación más característica del pensamiento y el arte sagrado asiático– tiene un origen completamente distinto y distante de su entorno cultural, un origen que se remon